Sobre las delicias (y responsabilidades) que implica ser hoy un verdadero ciudadano

Sobre las delicias (y responsabilidades) que implica ser hoy un verdadero ciudadano

La diferencia entre un esclavo y un ciudadano

es que el ciudadano puede preguntarse por su vida y cambiarla.

Alejandro Gándara

Difícil pensar en alguien a quien le falten razones para quejarse de alguna de las incontables deficiencias que enfrentamos hoy ante gobernantes, corporaciones, leyes y agendas egoístas, incluso macabras. Y en ocasiones este ejercicio, el quejarnos, nos requiere tal cantidad de energía que olvidamos algo fundamental: reconocer cuál es y cuál debiese ser nuestro papel dentro del escenario.

Son muchas las circunstancias que hacen del presente un momento histórico, ideal, para revertir las viejas y nocivas inercias. Pero esto solo ocurrirá en la medida que uno de los personajes, y nos referimos a “la ciudadanía”, asuma el rol protagónico que le corresponde. Y para que esto ocurra se necesita que una buena cantidad de personas, cada vez más, asuma las responsabilidades que conlleva ejercer su calidad de ciudadanos.

Un verdadero ciudadano, al menos dentro del contexto que la actualidad nos exige, manifiesta ciertas cualidades que si bien no implican una proeza, en cambio sí exigen compromiso para consigo mismo, con los otros y con el futuro que, conscientemente, se encuentra diseñando en este momento. A continuación mencionaremos brevemente algunas de estas cualidades:

Estar bien informado: aquí nos referimos no solo a leer los encabezados y, en el mejor de los casos resúmenes, de las notas que circulan en Facebook y Twitter, para luego reaccionar de forma predecible y generalmente adoptando la postura más cómoda. En realidad se trata de enterarse de lo que ocurre en tus respectivos entornos, desde el más inmediato hasta el más global, bajo la simple premisa de entender qué es lo que está ocurriendo –sabiendo que esto impactará en tu vida de forma directa o indirecta.

Actuar con responsabilidad: un ciudadano entiende que sus actos, incluso los más pequeños o aparentemente insignificantes, no solo son potencialmente contagiosos sino que terminarán por dar fuerza a sus opiniones. De algún modo se trata de validar tus exigencias con tus propios actos. Si exiges probidad en tus gobernantes pero aprovechas cualquier oportunidad para estafar a tu vecino, entonces sobra decir que tus reclamos difícilmente tendrán algo de legitimidad.

Involucramiento y participación: el ciudadano contemporáneo se involucra, en distintos grados, en la construcción activa del escenario. No se necesita convertirnos todos en héroes cívicos ni mucho menos, solo nos referimos a demostrar tu interés por lo que ocurre a tu alrededor en la medida de tus posibilidades. No importa si en tu caso esto se traduce participando en organizaciones civiles, asociaciones vecinales, asistiendo a marchas, enviando correos que abran el debate o incluso solo discutiendo durante la comida los temas que consideras relevantes y tratando de propagar el interés por las cosas que ocurren y que afectarán el futuro de la sociedad. El punto es materializar un genuino interés por estos acontecimientos, por sus causas y sus posibles consecuencias.

Los beneficios

Las anteriores son tres de la principales cualidades que puede manifestar un ciudadano contemporáneo –aunque existen muchas otras. A cambio de practicarlas los beneficios que gozarás son significativos. En la medida en que más personas practiquemos nuestra condición de ciudadanos sin duda se acelerarán esos cambios que tanto anhelamos y que terminarán por sepultar la mayoría de esos fenómenos ante los que hoy, apasionadamente, nos quejamos.

Una ciudadanía participativa forzará la llegada de gobernantes más capaces y comprometidos, quienes tendrán que rendir cuentas y ofrecer resultados. Una ciudadanía más responsable garantizará un mejor funcionamiento de la sociedad en general y, por ende, de los ámbitos político,empresarial y medioambiental. Una ciudadanía consciente entenderá los beneficios de las cualidades anteriores y gestará, inevitablemente, mejores condiciones de vida para todos los miembros de la sociedad.

El reto no es fácil y las circunstancias demandan compromiso y consistencia. Pero a cambio los beneficios que están en juego, entre ellos el sentido de existencia de la sociedad misma (buscar una mayor calidad de vida), son sencillamente invaluables.

¿Y tú ya eres ciudadano?

Lectura recomendada: Citizenship / Stanford Encyclopaedia of Philosophy

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